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La Ausencia de la Federacion de Artes Marciales Chinas en Uruguay

No podemos responsabilizar a nadie por la situación actual de las artes marciales chinas en Uruguay. Los desafíos que enfrenta este colectivo son, en esencia, de nuestra propia responsabilidad. En Uruguay, resulta excepcional que las artes marciales chinas carezcan de una federación deportiva que represente su amplia diversidad, y lo más preocupante es que parece una tarea imposible lograrlo debido a la actual división existente.



Al referirme a esta diversidad, me refiero a un conjunto de sistemas artísticos, de autodefensa y deportivos que van mucho más allá de las particularidades de sus modalidades de práctica exclusivas en el ámbito deportivo (como el Taijiquan, Sanda, Wushu deportivo, etc.).

La singularidad de esta situación radica en que la Federación de Wu Shu en Uruguay, que se autodenomina “especialidad”, incluye al Kung Fu en todas sus variantes como si ambas disciplinas fueran grupos separados. Esto ocurre en un contexto de reorganización en curso.

Esta confusión administrativa y lingüística nos presenta un panorama desalentador para el ámbito deportivo de las artes marciales chinas, así como para otros aspectos culturales, funcionales y sociales. Se trata de un error de interpretación que separa el Wushu y el Kung Fu como si fueran dos “especialidades” distintas de actividades deportivas japonesas sin relación entre sí.

¿Podríamos imaginar que el Judo, el Karate, el Aikido o el Kendo estuvieran agrupados en una única Real Federación de Artes Marciales Japonesas? ¿O que unas disciplinas se consideraran especialidades de otras? ¿Sería aceptable para los miembros de estas organizaciones? Este es un tema que podría debatirse, similar a las preocupaciones que enfrenta el Wushu, especialmente si el foro final se basara en una lógica razonable, lo cual es cuestionable dado lo que hemos observado hasta ahora.

No se puede comprender, ni debería ser aceptado por ningún practicante de artes marciales chinas, ya sean tradicionales o de cualquier modalidad deportiva, que el colectivo esté dividido en dos federaciones que parecen no entender lo que significa Wushu y Kung Fu. Si tuvieran ese entendimiento, probablemente estarían abogando por la unificación de ambos grupos, aunque es posible que ni siquiera se lo hayan planteado.

Asimismo, resulta difícil aceptar que un conjunto de sistemas y artes chinas tan antiguos (con referencias a modelos marciales que datan de antes de nuestra era) sean considerados como “especialidades” de sistemas deportivos japoneses relativamente recientes, como el judo, fundado en 1882 por Jigoro Kano, o de artes marciales japonesas que derivan de estilos chinos, como el Karate.

Para cualquier practicante serio e informado de judo y karate, no hay duda de que cuando hablamos de artes marciales chinas no nos referimos a una especialidad de sus respectivas disciplinas.

Lo que parece tan sencillo de entender y lógico para cualquier persona ajena al tema, sigue siendo un desafío por la mezcla de intereses particulares, irresponsabilidades colectivas, falta de motivación, desconocimiento, incoherencia y carencia de capacidad organizativa.

La raíz de esta situación se debe a dos factores principales. Primero, el colectivo de artes marciales chinas, dada su inmensa diversidad y compleja estructura, está completamente dividido en cuanto a la necesidad de participar o no en organizaciones enfocadas exclusivamente en el ámbito deportivo.

Es comprensible que quienes practican modalidades deportivas defiendan con firmeza la creación de una federación de Wushu, mientras que aquellos que ven las artes marciales chinas como una filosofía de vida, un entramado cultural o un sistema de defensa personal no consideren beneficioso unirse a un entorno deportivo, con todas las implicaciones negativas que ello conlleva para la preservación del legado cultural que representan. También existen opiniones mixtas con diferentes enfoques.

Por otro lado, una parte del colectivo ha decidido alinearse con estas dos federaciones y ha aceptado las circunstancias como una opción innegociable. Las propuestas de organismos internacionales para que estos entes lleven a cabo un proceso de separación e independencia deportiva han sido constantes, pero desde la representación uruguaya no se ha tomado ninguna acción al respecto, a pesar de los compromisos adquiridos. Llevamos años escuchando que esto se llevará a cabo; no hace falta esperar mucho más para comprender la realidad.

El temor a perder el avance deportivo ha llevado a muchos a evitar discutir estos temas y aceptar una vía que les permita acceder a circuitos internacionales. Todo esto es comprensible en cierto modo, aunque difícilmente aceptable.

No es necesario enfatizar lo que nuestro colectivo representa en términos de licencias para estas dos federaciones. Además, es importante cuestionar por qué algunos practicantes de Wushu continúan apoyando proyectos ajenos que han demostrado, a lo largo de los años, su falta de disposición para respaldar un proceso de independencia que se ha demandado desde hace tiempo.

Si desde distintos frentes apoyamos esta situación absurda y no hacemos nada por definir con claridad y equidad nuestro colectivo, no podemos culpar a otros. Si hay algún responsable en esta anomalía, somos nosotros mismos, incapaces de unirnos para definir nuestros objetivos tanto particulares como comunes.

Es absurdo demonizar a estas dos federaciones cuando no somos capaces de sentarnos y crear un camino conjunto. Es fundamental hacerlo para establecer una hoja de ruta que garantice nuestra independencia como colectivo y el desarrollo de nuestro potencial, tanto deportivo como cultural.

Si esta futura organización se forma sin incluir a todo el colectivo y se mantiene la dinámica de intereses individuales sobre los generales, el conflicto está asegurado. Ahora es el momento de establecer las bases de coherencia, justicia y futuro para las artes marciales chinas en Uruguay.

Tal vez si nos unimos en una gran organización propia, tendríamos una oportunidad más interesante para apoyar a los deportistas uruguayos de alto nivel en Wushu. Esto garantizaría planes de estudio y rendimiento acorde a las exigencias de las competiciones internacionales.

Es evidente que este apoyo no alcanza el 100% en la actualidad, ni lo hará por la propia lógica organizativa de estas federaciones. Nuestros deportistas con potencial competitivo sobreviven con los escasos recursos destinados a ellos y a sus entrenadores.

Sigamos siendo pasivos y expectantes, esperando que algo cambie que nos saque de esta absurda situación, mientras los intereses particulares se priorizan por encima de la creación de un foro propio en el que abordar nuestras problemáticas, sin seguir alimentando las licencias de federaciones externas y enfocándonos en el futuro del colectivo, no en un presente individual y efímero.

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